Por Juan Pablo Ojeda
Las delegaciones comerciales de México, Estados Unidos y Canadá postergarán la firma de la renovación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) más allá de la fecha límite del próximo 1 de julio, abriendo un periodo de negociación extendido. El diferendo técnico se concentra en las reglas de origen automotriz y la imposición de nuevos aranceles a las importaciones de acero. De no formalizarse la extensión por 16 años, el acuerdo mantendrá su vigencia legal automática hasta el año 2036.
Los datos macroeconómicos del bloque indican que el intercambio comercial consolidado entre las tres naciones asciende a dos billones de dólares anuales. La falta de un consenso trilateral antes del plazo perentorio activará la cláusula de revisión anual permanente estipulada en el texto original de 2020. Esta condición jurídica sustituye la estabilidad de largo plazo por evaluaciones fiscales consecutivas que modifican las proyecciones de inversión indexada.
La propuesta de la administración estadounidense exige elevar del 75% al 80% el valor de contenido regional obligatorio para los productos manufacturados dentro del bloque de América del Norte. Adicionalmente, el documento técnico de Washington requiere que el 50% de los componentes totales tengan origen exclusivo en plantas ubicadas en territorio estadounidense. Esta métrica altera los costos de producción de las cadenas de suministro de autopartes instaladas en los corredores industriales del Bajío y el norte de México.
El secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, y el ministro canadiense de Relaciones Comerciales, Dominic LeBlanc, formalizaron peticiones bilaterales por separado ante la contraparte estadounidense para asegurar la prórroga de 16 años. Ambos funcionarios fundamentaron la solicitud en el crecimiento del 14% en las exportaciones interregionales registrado desde la sustitución del TLCAN en julio de 2020. Las oficinas comerciales de Washington optaron por desarticular la mesa trilateral para negociar bajo esquemas individuales.
El sector automotriz y la industria siderúrgica registran actualmente las mayores presiones arancelarias debido a las tarifas complementarias impuestas a las importaciones de acero fuera de la cuota regional. El cumplimiento de las reglas del T-MEC ha exentado al 85% de las manufacturas mexicanas de los aranceles generales, pero la apertura de revisiones anuales elimina los incentivos fiscales de amortización a diez años necesarios para la instalación de nuevas plantas automotrices.
A nivel técnico, las mesas de discusión también enfrentan el proteccionismo del mercado lácteo canadiense, el cual mantiene un sistema de cuotas que limita el acceso al producto estadounidense. Por su parte, la delegación de Estados Unidos vincula la negociación comercial a las compras estratégicas de defensa, incluyendo contratos gubernamentales para aviones de combate. Estas variables sectoriales no comerciales extienden los plazos de resolución técnica en los comités especializados.
El estatus jurídico del tratado no implica su desaparición inmediata ni la reinstalación automática de los aranceles de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en el corto plazo. No obstante, las agencias calificadoras estiman que la transición hacia un esquema de evaluación anual restará certidumbre jurídica al mercado de capitales. El flujo de inversión extranjera directa hacia México podría registrar una desaceleración en el segundo semestre debido a la falta de reglas fijas.











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